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Órdenes del amor

El amor es para muchas personas un valor absoluto: lo consideran la fuerza que mueve al mundo; el amor todo lo puede; con el amor basta… ¿De verdad, eso es todo? Con esta pregunta no se pretende negar o criticar el valor del amor, sino más bien mirar de qué manera esto sucede, o qué condiciones se necesitan para que el amor fluya en toda su fuerza y potencialidad. Es lo que Bert Hellinger llama “Los órdenes del amor”.

Orden y Amor

“El amor llena lo que el orden abarca.

El uno es el agua, el otro el jarro.
El orden recoge,
el amor fluye.
Orden y amor se entrelazan en su actuar.

Como una melodía al sonar se guía por armonías,
así, el amor se guía por el orden.
Y como el oído difícilmente se habitúa a las disonancias,
por mucho que se expliquen,
así, nuestra alma difícilmente se hace
a un amor sin orden.

Algunos tratan a este orden
como si no fuera más que una opinión,
que pudieran tener o variar a gusto.

En realidad, empero, nos viene dado:
actúa aunque no lo entendamos.
No se idea, se encuentra.
Lo conocemos, igual que el sentido y el alma,
por su efecto.”

Nacemos de unos padres. No aterrizamos desde la estratósfera por arte de magia. Nacer significa que no venimos a la vida desde la total autonomía, sino que venimos a la vida a partir de alguien. Es decir: nacemos vinculados. Toda forma de existencia tiene esta naturaleza vinculada.

Los padres dan, los hijos reciben. Quienes pretendan ignorar estas condiciones tendrán, con toda seguridad, importantes dificultades para experimentar el amor en su vida. Así de simple: nadie puede verdaderamente amar, si primero no sabe recibir y agradecer.

 
Foto: Just an Uptown Girl

El alma familiar

Esto que decimos de padres e hijos tiene, como es natural, valor extensivo a las diferentes generaciones. En el seno de lo que Bert Hellinger llama “alma familiar”, tdos tienen un lugar de dignidad y de respeto. Y todos quiere decir exactamente “todos”. Significa algo muy preciso y de gran importancia en este ámbito de los órdenes del amor: el alma familiar no acepta exclusiones. Cuando alguien es exluido, el flujo del amor se resiente.

Es así que una red familiar es más que la familia. A ella pertenecen los hijos y sus hermanos, los padres y sus hermanos, los abuelos de ambas partes, a veces alguno de los bisabuelos, y todos aquellos que hicieron lugar para otros en el sistema, por ejemplo, un primer marido o una primera mujer (también relaciones comparables a un matrimonio), o cuando alguien tiene un hijo con otro miembro de la red familiar. Todo miembro de esta red familiar tiene el mismo derecho a formar parte y nadie puede negarle su lugar y jerarquía.

Amor ciego

Cuando Bert Hellinger habla de “destino ciego” o “amor ciego” se refiere por ejemplo al de un hijo que para compensar la marginación que sufrió alguien anterior, asume sin saberlo su propio destino. Amor ciego es el del hijo que, viendo que sus padres han sido infelices, no se permite a sí mismo ser feliz, como si al serlo se convirtiese en una especie de traidor. En este caso, aunque aquí no se trate de una exclusión, el hijo se niega a recibir de sus padres, o pretende con su infelicidad ser digno de ellos o compensarles de alguna forma. Trabajo inútil: la ceguera la produce en este caso, la idea de que se puede compensar una desgracia con otra desgracia, convirtiendo así en estéril el sufrimiento de los padres. No hay mejor manera de “purgar” la infelicidad de los que nos precedieron que llevar una vida feliz y fecunda.

Los órdenes en la relación de pareja

En el caso de un matrimonio, la jerarquía es la siguiente: la primera mujer o el primer marido en la jerarquía, tienen prioridad ante un segundo cónyuge. En este caso no tiene ninguna importancia si el matrimonio se contrajo oficialmente o no. Un segundo matrimonio puede lograrse cuando cada uno de los cónyuges respeta al compañero anterior. Donde no se da este respeto, es decir, donde la mujer o el marido anteriores es despreciado o excluido, las consecuencias pueden afectar a los hijos del matrimonio posterior. Frecuentemente un hijo se identifica con una pareja menospreciada, mostrando síntomas de rechazo hacia la madre o el padre.

Pero también puede ocurrir como en el cuento “La Bella Durmiente”: la treceava hada, la mala, la que no fue invitada, es la primera mujer del rey. Ella no fue reconocida como tal, por lo que tiene que vengarse mediante un hechizo sobre la niña. Hellinger señala que en muchas familias con una problemática de este tipo, el hijo desarrolla una neurodermatitis. Una solución sería que tanto el marido como la segunda mujer reconocieran a la primera esposa y le pidieran su bendición para su hijo.

Interiormente cada uno es fiel a sus padres

La fidelidad es muy fuerte en una familia, especialmente hacia los padres, aunque no la sintamos conscientemente, y puede manifestarse de diferentes maneras. En el caso de un hombre joven, la fidelidad hacia su padre se mostraba en el hecho de que no lograba ningún éxito económico, porque inconscientemente no quería contradecir a su padre que estaba convencido de que su hijo fracasaría.

Constelaciones familiares: procedimiento

Una persona que quiera configurar una constelación en relación a una cuestión determinada, primeramente refiere su intención. A continuación, de entre los presentes elige a representantes para los miembros de su sistema familiar, incluyendo a alguien para sí mism@. Una vez que haya definido a todas las personas, las posiciona de acuerdo con la imagen interior que tenga en relación a su familia actual o de origen. Este proceso se realiza de una manera centrada y sin comentarios. A continuación, la persona se sienta y el terapeuta, uno por uno, comienza a preguntar a los representantes por sus sensaciones y sentimientos en sus posiciones concretas. Aquí, tan sólo se trata de la percepción física y psíquica personal. A través de varios pasos intermedios, el terapeuta forma una imagen de solución en la que todos reciben un lugar bueno, eliminando todos los “desórdenes” e implicaciones sistémicas. A veces, la persona interesada sólo se queda observando el proceso, a veces se le integra en el proceso de solución, siempre en función de la cuestión concreta. En este último caso, el terapeuta instruye al paciente para que realice directamente determinados gestos o pronuncie determinadas frases.

Este trabajo alcanza las profundidades del alma y requiere la cooperación atenta de todo el grupo, sin formular comentarios o preguntas. Por tanto, no se trata de representar un papel o de reinterpretar una situación. Lo único importante es la percepción que alguien tiene en el lugar que se le asigna. Esta percepción expresada en el conocimiento profundo de los órdenes sistémicos guía al terapeuta en la configuración de la imagen de solución.

Fuentes:
Centro Bert Hellinger Argentina
Lugar de Luz
Conciencia Sin Fronteras

Dónde encontrar info personalizada:
En Uruguay: Espacio de Desarrollo Armónico
En Argentina: Centro Bert Hellinger Argentina
En España: Guía de centros en cada comunidad autónoma
En México: Centro de Constelaciones Familiares Sowelu
En Chile: Constelaciones Familiares Chile
En Colombia: Grupo Hellinger Colombia
En Venezuela: Instituto Bert Hellinger de Venezuela

Bibliografía

Banshee

Es el espíritu femenino de los pueblos gaélicos y celtas, que se oye a menudo pero no se deja ver más que en ocasiones muy contadas. Banshee es una mujer con cabellos negros y desordenados, y tiene los ojos rojos de tanto llorar. Lleva un vestido verde y una capa gris. Emite un grito espeluznante, mezcla del aullido del lobo, el graznido de los gansos salvajes, los gritos de un niño abandonado y los gemidos de una mujer al dar a luz.

Este terrible y semihumano lamento despertará al más dormido, y se oirá por encima del más fuerte de los huracanes. Es especialmente estremecedor cuando resuena sobre los páramos y los lagos, en el crepúsculo de un día nublado de verano. El aullido de Banshee significa que un miembro de la familia de quien lo oye morirá próximamente. Aunque esta persona se encuentre en ese momento lejos de su hogar, Banshee advierte a la familia de su pueblo natal. La palabra “banshee” se deriva del celta bean seidh, que significa “mujer de las hadas”.

Estas temibles criaturas sirvieron de inspiración a una de las más importantes formaciones musicales del post-punk, en especial a su carismática vocalista, también cnocida como “la reina de hielo”. Siouxsie and the Banshees se dieron a conocer en la década de los 70, alcanzando su cenit como banda de culto en los 80. En sus filas militaron el Sex Pistols Sid Vicious y el guitarrista Robert Smith, que luego formaría The Cure.

Fuente: Magia Celta de Emerald O’Callaghan

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La Buena Suerte

El cuento “La Buena Suerte” de Fernando Trías y Alex Rovira es el mejor manual para fabricar tréboles de cuatro hojas.

Parte del proyecto consistió en entrevistar a cerca de mil personas en cuanto a quién creían ellos que había tenido suerte en la vida, encontrando en las respuestas algunos puntos en común. También estudiaron las biografías de inventores, empresarios y artistas que según parece habían sabido tener “Buena Suerte”, concluyendo que la fórmula mágica contiene: perseverancia, observación, aprendizaje positivo del error y cuidado de los detalles.

Recomiendo la lectura completa del cuento que está lleno de rincones mágicos en los que los autores nos dejan más pistas. De su esencia, van las reglas para distinguir la Buena Suerte de la suerte:

Primera regla de la Buena Suerte:
“La suerte no dura demasiado tiempo porque no depende de ti. La Buena Suerte la crea uno mismo, por eso dura siempre”.



Segunda regla de la Buena Suerte:
“Muchos son los que quieren tener Buena Suerte, pero pocos los que deciden ir a por ella”.

Tercera Regla de la Buena Suerte:
“Si ahora no tienes Buena Suerte tal vez sea porque las circunstancias son las de siempre. Para que la Buena Suerte llegue, es conveniente crear nuevas circunstancias”.

Cuarta Regla de la Buena Suerte:
“Preparar circunstancias para la Buena Suerte no significa buscar sólo el propio beneficio. Crear circunstancias para que otros también ganen atrae la Buena Suerte”.



Quinta Regla de la Buena Suerte:
“Si “dejas para mañana” la preparación de las circunstancias, la Buena Suerte quizá nunca llegue. Crear circunstancias requiere dar un primer paso… ¡Dalo hoy!”.



Sexta Regla de la Buena Suerte:
“Aún bajo las circunstancias aparentemente necesarias, a veces la Buena Suerte no llega. Busca en los pequeños detalles circunstancias aparentemente innecesarias…, pero ¡imprescindibles!”.



Séptima Regla de la Buena Suerte:
“A los que sólo creen en el azar, crear circunstancias les resulta absurdo. A los que se dedican a crear circunstancias, el azar no les preocupa”.



Octava Regla de la Buena Suerte:
“Nadie puede vender suerte. La Buena Suerte no se vende. Desconfía de los vendedores de suerte”.



Novena Regla de la Buena Suerte:
“Cuando ya hayas creado todas las circunstancias, ten paciencia, no abandones. Para que la Buena Suerte llegue, confía”.

Décima Regla de la Buena Suerte:
“Crear Buena Suerte es preparar las circunstancias a la oportunidad. Pero la oportunidad no es cuestión de suerte o azar: ¡siempre está ahí!”.

 

El resultado de la suerte al azar es tan impredecible que es difícil saber si se trata de Buena Suerte o Mala Suerte:

“Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.

El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle:

-Tu caballo se escapó, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No sólo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y cayó al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tú eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”

Cuento sufí



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