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La Buena Suerte

El cuento “La Buena Suerte” de Fernando Trías y Alex Rovira es el mejor manual para fabricar tréboles de cuatro hojas.

Parte del proyecto consistió en entrevistar a cerca de mil personas en cuanto a quién creían ellos que había tenido suerte en la vida, encontrando en las respuestas algunos puntos en común. También estudiaron las biografías de inventores, empresarios y artistas que según parece habían sabido tener “Buena Suerte”, concluyendo que la fórmula mágica contiene: perseverancia, observación, aprendizaje positivo del error y cuidado de los detalles.

Recomiendo la lectura completa del cuento que está lleno de rincones mágicos en los que los autores nos dejan más pistas. De su esencia, van las reglas para distinguir la Buena Suerte de la suerte:

Primera regla de la Buena Suerte:
“La suerte no dura demasiado tiempo porque no depende de ti. La Buena Suerte la crea uno mismo, por eso dura siempre”.



Segunda regla de la Buena Suerte:
“Muchos son los que quieren tener Buena Suerte, pero pocos los que deciden ir a por ella”.

Tercera Regla de la Buena Suerte:
“Si ahora no tienes Buena Suerte tal vez sea porque las circunstancias son las de siempre. Para que la Buena Suerte llegue, es conveniente crear nuevas circunstancias”.

Cuarta Regla de la Buena Suerte:
“Preparar circunstancias para la Buena Suerte no significa buscar sólo el propio beneficio. Crear circunstancias para que otros también ganen atrae la Buena Suerte”.



Quinta Regla de la Buena Suerte:
“Si “dejas para mañana” la preparación de las circunstancias, la Buena Suerte quizá nunca llegue. Crear circunstancias requiere dar un primer paso… ¡Dalo hoy!”.



Sexta Regla de la Buena Suerte:
“Aún bajo las circunstancias aparentemente necesarias, a veces la Buena Suerte no llega. Busca en los pequeños detalles circunstancias aparentemente innecesarias…, pero ¡imprescindibles!”.



Séptima Regla de la Buena Suerte:
“A los que sólo creen en el azar, crear circunstancias les resulta absurdo. A los que se dedican a crear circunstancias, el azar no les preocupa”.



Octava Regla de la Buena Suerte:
“Nadie puede vender suerte. La Buena Suerte no se vende. Desconfía de los vendedores de suerte”.



Novena Regla de la Buena Suerte:
“Cuando ya hayas creado todas las circunstancias, ten paciencia, no abandones. Para que la Buena Suerte llegue, confía”.

Décima Regla de la Buena Suerte:
“Crear Buena Suerte es preparar las circunstancias a la oportunidad. Pero la oportunidad no es cuestión de suerte o azar: ¡siempre está ahí!”.

 

El resultado de la suerte al azar es tan impredecible que es difícil saber si se trata de Buena Suerte o Mala Suerte:

“Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.

El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle:

-Tu caballo se escapó, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No sólo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y cayó al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tú eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”

Cuento sufí



Pablo dice:

Abril 25, 2008 @ 8:51 am

muy bueno el cuento sufí !.

De la buena suerte rescato que la crea uno mismo. y la suerte ,asi a secas, no dura casi nada. Y que la oportunidad siempre esta ahí, eso es clave

Hukaa dice:

Abril 25, 2008 @ 10:46 pm

Si, eso de que la oportunidad te está esperando te pisa un poco los talones, jeje, está bueno.

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