Érase una vez una mujer de muy buen corazón que caminaba por el bosque en invierno. De pronto vio a una serpiente venenosa agonizando entre la nieve.
La serpiente le rogó a la mujer que la acercara a un lugar cálido, que le salvara la vida. A lo que la mujer respondió: “Eres una serpiente venenosa, ¡me morderías y moriría!”
Entonces la serpiente imploró y prometió a la mujer no morderla, a lo que finalmente ésta se compadeció y la cobijó en su pecho.
Cuando la serpiente logró entrar en temperatura, mordió a la mujer.
La mujer, ya muriendo, preguntó a la serpiente “¿Por qué me has mordido? ¡Prometiste no hacerlo!”
Mientras se iba, la serpiente mirando hacia atrás le dijo “Señora, usted siempre supo que yo era una serpiente.”





