Para Juanita, mi hada de agua, en esta Luna de Wesak
El día que conocí a Juanita marcó el comienzo de algo que todavía no sabría describir.
Mis rubias preferidas, las cuatro hadas, la unión, la pirámide perfecta, la senda siempre abierta para los cascabeles anunciando un tiempo de paz. Las tres religiones y la que cree, los cuatro elementos, las cuatro estaciones en una tarde. El llamado que no podemos hacer como si no escucháramos y al final, la Perfección.
Un nacimiento, una hermandad eterna desde antes y para siempre. Ministerios de un Universo que estaba ahí presente entero, Todo. Cuatro caminos largos y sinuosos, y una alineación geométrica.
Cuando la perfección del mensaje me dejó sin preguntas, sólo una chispa detonó:
Yo: “Juanita, me encantó eso que dijiste de que uno elige si quiere aprender por medio del sufrimiento o de la alegría. Obvio que quiero sólo alegría! Cómo se hace?”
Juanita: “A través del desapego, mi niña. ‘Ser’, no ‘Tener’…”
Yo: “(Cuac!) Pero Juanis qué querés que te diga… me re gusta decorar mi casa, comprarme ropa, accesorios, juguetes, tantas cosas…”
Juanita: “Puedes hacer uso de toda la Abundancia del Universo, es tu derecho, pero no seas dueña nada. No pongas el eje fuera de tí. Dedícate a vivir desde el Ser”
Yo: “Aha…”
De nuevo un papel en blanco. Qué miedo, qué libertad, qué entusiasmo… y cuánto agradecimiento y amor.

Mi jardín encantado hoy (Nina en “su” fuente del puma)




